Entrevista a Josep M. Llop Torné, Ciudades Intermedias
Hoy tenemos el placer de presentaros a José María Llop Torné, Arquitecto y Urbanista, reconocido internacionalmente por su labor en el desarrollo de ciudades intermedias y el urbanismo social, Codirector de la cátedra UNESCO en la Universidad de Lleida.
¿Qué es lo que en un principio te empuja a iniciar los estudios de arquitectura y de urbanismo?
JML: Entré en la ETSA de Barcelona en 1968. Había en la familia un tío aparejador. Eso influyó junto a mis facultades para el dibujo y para las «mates». Sin embargo, dentro de la carrera, esas influencias se completaron con compromisos morales, éticos y sociales y me llevaron a estudiar la especialidad de urbanismo (Título de arquitecto urbanista de 1974).
Frente al gigantismo de las megaciudades que parecen desbordar nuestra capacidad de gestión, has apostado por la ciudad de escala intermedia. ¿Es el último refugio donde el urbanismo todavía puede mirar a los ojos al ciudadano y garantizar una democracia real?
JML: No hay ninguna duda que las ciudades de tamaño mediano pero con roles de intermediación, en los territorios del mundo, son la esperanza y el mayor potencial de una urbanización más humana y sostenible. Pero es que además hay un error global de números, cálculo o visión: las ciudades entre 1 millón y 50.000 habitantes solo tienen un 5% menos de población que las más grandes. Pero es que son casi 20 veces más en número. Ciudades de más de 1 millón unas 500 solo. Ciudades entre 1 millón y 50.000 casi 9.000. Además del número mayoritario, los territorios del mundo sí tienen todos ciudades medias o intermedias y no tienen grandes. La urbanización como fuente de desarrollo se apoya en las ciudades intermedias. Además de esta dimensión global, hay que añadir que por sus escalas espaciales más humanas ofrecen el potencial de que el urbanismo puede ser inclusivo, integral, sostenible y resiliente a nivel universal.
Has trabajado estrechamente con la política desde la gestión municipal. ¿Cómo se mantiene la integridad técnica y la visión social cuando los tiempos electorales —de cuatro años— chocan frontalmente con los tiempos del urbanismo, que se miden en décadas?
JML: Hay dos comentarios que ilustran mi opinión y posición. Uno, tuve la suerte de ejercer de Director de Urbanismo de la ciudad intermedia de Lleida unos 20 años continuados. Esa continuidad técnica tuvo la base en la continuidad política: el mismo Alcalde, Antonio Siurana. Eso permite hacer muchas de las cosas difíciles o largas, que los periodos cortos rompen. Otro criterio es que hay que tener un plan urbanístico que de una base de continuidad.
<Es más necesario en ciudades de escala intermedia
tener un plan estable que en las grandes>
Además si el plan es claro y entendible por la población, se limitan los actos de arbitrariedad y otros efectos negativos del negocio inmobiliario.
Desde el Premio Nacional de Urbanismo en los años 80 y el 1er, Premio de Urbanismo de Cataluña de 1999, hasta su reconocimiento por la UNESCO en 2008, tu carrera ha transitado entre la academia, la gestión pública y la cooperación internacional.¿Cuál es el denominador común o la convicción personal que has mantenido intacta en cada uno de estos hitos, para que instituciones tan diversas hayan validado tu visión de la ciudad?
JML: Esos primeros pasos de experiencia de gestión y realización de planes, junto a equipos de profesionales muy buenos, me fueron educando y enseñando que el urbanismo es un instrumento básico para que las personas mejoren sus vidas, tanto en ciudades desarrolladas como en las del tercer mundo. He tenido la suerte de cooperar con ciudades de América Latina y también de África. En ambos continentes no hay la ortodoxia normativa que tenemos en nuestro país. De hecho hay pocos planes urbanos. Eso abre la puerta a enfocar con mayor cuidado hacia esos lugares y esas personas el tipo de planes, lo que hemos realizado con ellos con el método de «Plan Base». Un método fruto de la experiencia personal y con los equipos de trabajo, antes citados, que ofrece un urbanismo inclusivo e integral. Aúna los estilos de planificación estratégica y urbanística. Precisamente en los dos continentes ya citados hay la mayoría de los ejemplos. Los 69 planes base en ciudades intermedias de África es un tesoro de cooperación. No cito el número de estos en América Latina, son muchos más, pero allí era más fácil por el idioma común.
A Través de la cátedra de la UNESCO, has impulsado la creación de ‘Perfiles de Ciudad’ para digitalizar y sistematizar la realidad de las urbes intermedias, ¿Cómo se consigue que esta ‘radiografía de datos’ no se quede en una fría estadística digital, sino que se convierta en una herramienta política real, que ayude a los gobiernos locales a decidir mejor?
JML: La Cátedra UNESCO de ciudades intermedias, que codirijo con la Geógrafa Carmen Bellet, constituyó con una red mundial de profesionales para el conocimiento sobre esas ciudades. Esas personas aportaron los datos y las valoraciones. Luego desde el núcleo de la Cátedra los procesamos, editamos y publicamos en formato de acceso libre. En uno de los libros básicos (con 96 ciudades intermedias del mundo comparadas) se usan las palabras «Perfiles» y «Pautas«. Son dos palabras abiertas, que expresan que no hay conceptos universales cerrados, para un conjunto tan amplio (más de 9.000) y tan diverso de ciudades intermedias del mundo. Esos datos se comparan, pero no definen. Porque son claves sus condiciones y sus roles de intermediación: es decir, estar en medio e intermediar (intercambiar, interactuar, interconectar…) además de las importantes diferencias de paisajes culturales, monumentos y geografías de un conjunto tan amplio y diverso.
Defiendes que para mejorar una ciudad, primero hay que hacerla ‘conocible’.
JML: Sin duda. Tener acceso a la información de las capas o elementos de una ciudad es la base del derecho a la misma. Pero eso debe concebirse no solo para hoy, lo que está asumido y bien aplicado en muchas ciudades.
<Hay que hacer «entendible» el plan urbano>
Para que las personas entiendan el futuro y puedan preverlo. Porque las personas y las familias son actores del desarrollo en las ciudades. No solo invierten las empresas y las administraciones. El derecho al plan, es decir a entender y poder participar en el plan, es la base de los derechos humanos urbanos. Se puede añadir que es la base del derecho a la ciudad.
¿Cómo ayuda la tecnología a que los ciudadanos y los ayuntamientos entiendan de verdad lo que pasa en sus calles antes de empezar a construir?
JML: En el sentido anterior las bases de datos (gráficas y numéricas) que informan o definen son básicas. Hoy hay capacidades de visualizarlos y procesarlos para que se entienda mejor la ciudad. Para poder hacer mejores políticas públicas y para ampliar las inversiones privadas, pero especialmente también ofrecer un espacio de acción más amplio para todas las personas. Un ejemplo brillante y claro de esto es el trabajo de VisualUrb.
¿Cómo ha cambiado tu visión de la ciudad desde que empezaste tu carrera hasta hoy? Has visto pasar muchas modas urbanísticas, desde el desarrollismo hasta las Smart Cities. ¿Qué consejo le darías a un joven urbanista que hoy empieza su carrera y se siente abrumado por la tecnología y la crisis climática?
Mi consejo es que se comprometa con una ciudad y en ella aplique una ética profesional de servicio. Que use la necesidad del estudio de la misma, en su dimensión espacial urbanística, pero también en todas las otras (sociedad, ecología, género, salud, .. etc.) para apasionarse en aprender y en poder mejorar. Las ciudades son una escuela excelente de profesionales. Mi retorno es que amar una ciudad te hace superar al individuo para ser más y mejor persona.
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