Yasaman Nekoui, en la frontera entre el ladrillo y el bit

Yasaman Nekoui

Hoy tenemos el placer de presentaros a Yasaman Nekoui, arquitecta e investigadora del programa DOCA en la ETSAM (UPM), especialista en la integración de la realidad aumentada (RA) en el diseño urbano, para crear ciudades más inclusivas y adaptadas a la infancia, pionera de futuros urbanos digitales con realidad aumentada, experta en la intersección de la tecnología, el espacio y el impacto social.

¿Qué es lo que te impulsó en un principio a realizar los estudios de arquitectura, y posteriormente especializarte en comunicación arquitectónica?

YN: Desde muy joven me interesó la relación entre el espacio y la vida cotidiana de las personas. Crecí en una ciudad con una fuerte tradición arquitectónica como Teherán, donde la arquitectura no es solo una cuestión estética, sino una forma de organizar el clima, la privacidad, la convivencia y la cultura. Eso despertó mi curiosidad por entender cómo los espacios influyen en nuestra forma de vivir.

Con el tiempo, durante mis estudios y mi investigación, empecé a interesarme no solo por cómo se construyen los espacios, sino también por cómo comunican. La arquitectura transmite valores, información ambiental, jerarquías sociales o incluso narrativas culturales. Esa inquietud me llevó a especializarme en comunicación arquitectónica, un campo que permite analizar la arquitectura no solo como objeto físico, sino como un sistema de información que conecta personas, tecnología y entorno urbano.

De Teherán a Madrid, ¿qué es lo que más te sorprendió del urbanismo español al llegar?

YN: Una de las cosas que más me sorprendió fue la importancia del espacio público como lugar de vida social. En muchas ciudades españolas, las plazas, las calles peatonales o los parques funcionan como verdaderos espacios de encuentro cotidiano. Esa dimensión social del urbanismo es muy visible y forma parte de la identidad urbana.

Al mismo tiempo, me llamó la atención la escala humana de muchos barrios y la relación entre arquitectura, movilidad y vida diaria. Frente a las grandes transformaciones urbanas de ciudades muy extensas como Teherán, en Madrid percibí una continuidad histórica más visible entre las distintas capas de la ciudad.

Esa experiencia comparativa entre contextos culturales diferentes ha sido muy enriquecedora para mi investigación, porque me ha permitido entender la ciudad como un sistema complejo donde cultura, tecnología y espacio físico interactúan constantemente.

A menudo, la arquitectura se entiende solo como algo físico (ladrillos y cemento), pero tu investigación la aborda como un medio de transmisión de información. Para quienes no están familiarizados con este concepto, ¿cómo explicarías esta visión y qué cambia en nuestra forma de vivir la ciudad cuando la entendemos como un mensaje y no solo como una construcción?

YN: A menudo pensamos en la arquitectura únicamente como una realidad material —edificios, calles o infraestructuras—, pero en realidad los espacios también transmiten información. La forma en que una plaza se abre, cómo se organiza un patio o cómo se estructura una calle ya comunica ciertas ideas sobre el clima, el movimiento, la convivencia o la identidad cultural de una ciudad.

Desde esta perspectiva,

<la arquitectura puede entenderse como una interfaz entre el entorno,
la tecnología y las personas>

Hoy las ciudades generan una enorme cantidad de datos sobre movilidad, clima, energía o uso del espacio, pero la mayor parte de esa información permanece invisible para quienes habitan la ciudad. Cuando el espacio urbano es capaz de traducir esos datos en experiencias comprensibles, los ciudadanos pueden entender mejor cómo funciona su entorno y relacionarse con él de una manera más consciente.

Esta visión también está muy presente en mi investigación doctoral y en algunos de los artículos que he desarrollado recientemente, donde exploro el potencial de la realidad aumentada (AR) como herramienta para reinterpretar la experiencia urbana. En particular, me interesa cómo estas tecnologías pueden ayudar a que los niños perciban y comprendan la ciudad de una manera más activa y exploratoria. A través de capas digitales de información superpuestas al espacio físico, la ciudad puede transformarse en un entorno interactivo donde los niños no solo se desplazan, sino que también descubren sus historias, sus dinámicas ambientales y su funcionamiento.

En ese sentido, la ciudad deja de ser únicamente un escenario construido y pasa a convertirse en una plataforma de aprendizaje urbano, donde arquitectura, información y tecnología trabajan juntas para enriquecer la experiencia de quienes la habitan.

Habitualmente asociamos la sostenibilidad con materiales o placas solares, pero tú hablas de ‘eficiencia invisible’. ¿Puede la comunicación arquitectónica ayudar al ciudadano a valorar el impacto energético de su entorno más allá de lo que ve a simple vista?

YN: Sí, absolutamente. Gran parte de los procesos que determinan la sostenibilidad de una ciudad —consumo energético, comportamiento climático, flujos de agua o calidad del aire— son invisibles para el ciudadano.

La comunicación arquitectónica puede desempeñar un papel clave al traducir estos datos complejos en información comprensible dentro del espacio urbano. Cuando las personas entienden cómo sus acciones o su entorno afectan al consumo energético o al medio ambiente, es más fácil fomentar comportamientos sostenibles.

En este sentido, la sostenibilidad no depende únicamente de la tecnología o de los materiales, sino también de cómo comunicamos el funcionamiento de la ciudad a quienes la habitan.

Tu trayectoria une dos mundos, la arquitectura tradicional iraní, donde el umbral es un elemento clave de transición física y social y la comunicación arquitectónica de vanguardia en la ETSAM sobre la ‘Ciudad Aumentada’. ¿Podría considerarse la interfaz digital el nuevo umbral de nuestras ciudades?

YN: Es una comparación muy interesante. En la arquitectura tradicional iraní, el umbral no es solo una puerta física; es un espacio de transición entre lo público y lo privado, entre el exterior y el interior, y también entre diferentes formas de interacción social.

Hoy, en la llamada ciudad aumentada, las interfaces digitales —aplicaciones, sensores urbanos, pantallas o plataformas de datos— funcionan de manera similar. Actúan como nuevos umbrales que median nuestra relación con el espacio urbano.

Sin embargo, la diferencia es que estos nuevos umbrales no siempre son visibles. Por eso es fundamental diseñarlos de forma consciente, para que sigan facilitando la interacción, la comprensión del entorno y la experiencia urbana, en lugar de convertirse en barreras invisibles.

Si aceptamos que la ciudad es hoy un sistema híbrido entre lo físico y lo digital, ¿quién debería gestionar esa ‘capa de datos’ para que sea un bien público? ¿Cómo evitamos que la interfaz urbana se convierta en una herramienta de control y logramos que sea un motor de participación ciudadana real?

YN: Si aceptamos que la ciudad es hoy un sistema híbrido entre lo físico y lo digital, la gestión de la “capa de datos” urbana se convierte en un asunto crucial. Desde mi experiencia investigadora, creo que

<estos datos deberían considerarse un bien público, y no propiedad exclusiva
de empresas privadas o de autoridades aisladas>

Su gestión debe estar guiada por principios de transparencia, acceso abierto y participación ciudadana, combinando la perspectiva de investigadores, urbanistas, arquitectos y, muy importante, de los propios habitantes de la ciudad.

En mi trabajo de doctorado y en mis publicaciones, exploro cómo herramientas como la realidad aumentada (AR) y otras interfaces digitales pueden transformar la percepción urbana y facilitar la participación activa, especialmente de grupos que tradicionalmente han estado fuera de la planificación, como los niños. Al integrar estos sistemas de información de manera accesible, la capa digital puede potenciar la educación urbana, la conciencia ambiental y la interacción social, en lugar de convertirse en un mecanismo de control.

La clave está en diseñar interfaces urbanas que sean inclusivas y comprensibles, de manera que la tecnología no sea una barrera, sino un vehículo de empoderamiento ciudadano. Solo así podemos garantizar que la ciudad híbrida funcione como un ecosistema compartido, donde la información fortalezca la resiliencia social y ambiental y fomente la colaboración entre todos los que habitan la ciudad.

Mirando hacia los próximos 20 años, ¿cuál es el mayor desafío que enfrentarán las ciudades europeas, y cómo puede la comunicación arquitectónica ayudarnos a construir ciudades más resilientes ante los cambios sociales y climáticos que se avecinan?

YN: Uno de los mayores desafíos será adaptar las ciudades a cambios climáticos, sociales y tecnológicos cada vez más rápidos. Esto implica repensar la gestión del agua, la energía, el espacio público y la movilidad.

Pero además del reto técnico, existe un reto comunicativo. Las transformaciones urbanas solo serán efectivas si los ciudadanos comprenden y participan en esos procesos.

La comunicación arquitectónica puede ayudar a traducir información compleja —sobre clima, energía o planificación urbana— en experiencias espaciales y narrativas comprensibles. De esta manera, la ciudad no solo se adapta a los cambios, sino que también involucra activamente a quienes la habitan

A modo de conclusión, ¿cómo definirías en una frase el papel del arquitecto en esta era de datos y pantallas?

YN: El arquitecto del siglo XXI no solo diseña edificios, sino interfaces entre el espacio, la información y la vida de las personas.

Urbanismo

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