Entrevista a Camila Algecira, Tecnología e Innovación
Hoy tenemos el placer de presentaros a Camila Algecira, co-fundadora del LuluLe Creative Group, máster en economía empresarial/gerencial por la Universidad Central de Finanzas y Economía de Pekín, experta en marketing y negocios, con más de 10 años de experiencia en proyectos entre China y Latino-América.
¿Qué es lo que en primera instancia te empuja a estudiar la carrera de Negocios Internacionales?
CA: En ese momento me interesaba mucho entender y participar en el proceso de globalización y apertura económica. Cuando inicié mi carrera, el e-commerce comenzaba a llegar a Latinoamérica, se estaban creando empresas internacionales y cada vez veíamos con más frecuencia la entrada de productos de otros países.
Me motivaba entender cómo se hacen los negocios: desde la planeación y las negociaciones hasta la transferencia de productos y servicios. Al terminar la carrera, tenía claro que Asia era un continente al que había que mirar con atención. Con tanta historia y una influencia tan fuerte en los negocios globales, decidí enfocar mi profesión en entender cómo funcionan los negocios en esta región.
Dejar una carrera prometedora en Latinoamérica para empezar de cero en el ecosistema chino es una decisión audaz. ¿Qué fue lo más difícil de sacrificar en ese proceso?
CA: Lo más difícil ha sido sacrificar el tiempo con mi familia y mis amigos. También empezar desde cero, en un país donde no se habla tu idioma, donde tienes que pensar en dos lenguas distintas y en el que nadie te conoce.
No obstante, eso mismo lo hace interesante. Fue como tener una hoja en blanco para empezar a escribir mi propia historia y orientarla hacia lo que más me gustaba, que era la tecnología, la innovación, el marketing en el ecosistema Chino.
Al aterrizar en Beijing para tu maestría, ¿cuál fue la primera gran diferencia que notaste entre la «China que te imaginabas» y la China real del día a día?
CA: La primera vez que vine a Beijing fue en 2017. TikTok apenas comenzaba y había muy poco contenido sobre China en redes sociales. En ese entonces, gran parte de la información que recibía provenía de noticias, periódicos y algunas fuentes en internet.
<Cuando vi por primera vez esa ciudad tan grande, imponente y avanzada,
supe que tenía que estar allí>
Era completamente diferente a lo que tenía en mi mente o a la imagen que se nos vendía. Con el día a día descubrí una ciudad muy vibrante, donde se mezcla la tradición con una fuerte proyección hacia el futuro, y donde convergen personas de todo el mundo para crear comunidades.
Es una ciudad que puedes recorrer en bicicleta, donde te sientes seguro y en la que conectas fácilmente. Si te lo propones, puedes avanzar muy rápido.
Siendo Shenzhen la «capital mundial de los drones», ¿cómo ha cambiado tu percepción del espacio público al ver entregas de comida y transporte de insumos médicos por aire de forma cotidiana?
CA: Shenzhen es una ciudad profundamente tecnológica y ver el desarrollo y la implementación real de soluciones como los drones genera una percepción clara de estar en una ciudad orientada al futuro.
Estar rodeada de edificios altos y observar cómo los vehículos aéreos se integran progresivamente en la vida cotidiana te lleva a pensar que el límite ya no es el cielo.
Esto ha ido transformando la imagen de la ciudad: los espacios públicos adquieren nuevos usos, surgen actividades alrededor de los vertipuertos y la vida urbana se vuelve cada vez más conveniente.
China ha acuñado el término Low-Altitude Economy como prioridad nacional. ¿Cómo traduces este concepto técnico en oportunidades de negocio para clientes que aún ven los drones como «juguetes»?
CA: La industria de Low-Altitude Economy es prioritaria dentro del plan económico de 15 años de China. Cuando el país se enfoca estratégicamente en una industria, es porque existe un enorme potencial de desarrollo a nivel global.
Esto es muy similar a lo que ocurrió con los vehículos eléctricos, cuando China los incorporó como un proyecto prioritario en su plan quinquenal a comienzos de los años 2000. Hoy vemos los resultados.
Por lo tanto, todas las industrias que puedan integrarse al desarrollo de la economía de baja altura representan grandes oportunidades: componentes, baterías, infraestructura, gestión de tráfico, logística, agricultura, inspecciones, turismo, entre muchas otras.
Eres cofundadora de Lulule Crative Group, una empresa que conecta el ecosistema tecnológico de China con Latinoamérica y España, desde una perspectiva de planificación, ¿qué pueden aprender estas últimas del modelo de clústeres tecnológicos de Shenzhen?
CA: La base de Shenzhen es la planificación. Hace 45 años era una aldea de pescadores, y fue gracias a una visión de largo plazo y una ejecución consistente que hoy es considerado el hub de innovación número uno del mundo.
Latinoamérica y España tienen una gran oportunidad si observan de cerca el caso de Shenzhen.
<Todo se reduce a planificación y ejecución, dos elementos que muchas veces
faltan en nuestros países>
A esto se suma la importancia del apoyo a la investigación, la creación de startups y el acceso a fondos de inversión que permitan escalar proyectos y generar alto impacto.
Tu labor se enfoca, en cierta medida, en que más allá de adquirir dispositivos, lo vital es asimilar la metodología de innovación de Shenzhen. ¿Cómo se traduce esa lógica a la realidad de nuestras ciudades?
CA: Shenzhen ofrece muchas oportunidades y también grandes aprendizajes. Es un laboratorio urbano a cielo abierto, donde la tecnología puede ser testeada en cuestión de días, lo que la convierte en un modelo de desarrollo y generación de tendencias.
A pesar de las diferencias culturales y urbanas, las empresas de Shenzhen tienen algo muy claro: crean para el mundo. Los dispositivos que salen de la ciudad no están pensados exclusivamente para China, sino para integrarse en nuestras ciudades y realidades.
Cuál es la tecnología que hoy es común en Shenzhen pero que LULULE proyecta como la próxima gran revolución en Occidente?
CA: Sin duda, la economía de baja altura (Low-Altitude Economy). Es una industria que cada día se vuelve más común en la ciudad. La vemos en las entregas de comida, en la expansión de la logística de última milla, en rescates médicos, en el control del tráfico y de la ciudad, en temas de seguridad y en eventos culturales.
Y para finalizar, si tuvieras que desmontar un solo prejuicio que Occidente sigue teniendo sobre la «China moderna», ¿cuál elegirías y por qué?
CA: El prejuicio más extendido es que los productos provenientes de China son de mala calidad, cuando el problema no es ese. En realidad, estamos acostumbrados a consumir lo más económico o lo de menor calidad.
China es hoy sede de productos de altísima calidad y de un nivel de desarrollo tecnológico muy avanzado. Empresas como BYD, DJI, Huawei u OPPO, todas originarias de Shenzhen, están demostrando al mundo que la calidad no es el problema.
En otros sectores sucede algo similar: todo depende del nivel de exigencia, de cómo se seleccionan los proveedores y de los estándares que se imponen a las fábricas. Algo que me sorprendió al vivir en China es lo exigente que es el consumidor local.
Por eso insisto:
<la calidad del producto chino no es el problema; el verdadero factor determinante es el nivel de exigencia del consumidor en Occidente>
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