Entrevista a Rafael González Millán, el futuro del arquitecto municipal
Hoy tenemos el placer de presentaros a Rafael González Millán, Presidente de la Unión de Arquitectos de las Administraciones Públicas de España del CSCAE y arquitecto municipal del municipio de Arahal (Sevilla) desde hace más de 30 años.
¿Consideras que el arquitecto municipal debe seguir siendo un técnico de expedientes o convertirse en un estratega de ciudad?
RGM: Entiendo que debería ser ambas cosas, pero hoy por hoy la balanza está demasiado inclinada hacia el expediente. Con el paso del tiempo debería dedicar menos tiempo a comprobar documentos y más a anticipar problemas, coordinar políticas urbanas, gestionar información territorial y ayudar a transformar el planeamiento en vivienda asequible, equipamientos y espacio público.
El arquitecto municipal del futuro no puede limitarse a informar la ciudad: debe ayudar a construirla.
¿Crees que la inteligencia artificial reducirá las diferencias entre ayuntamientos?
RGM: Seguro que si, la IA reducirá esas diferencias enormemente. La nube y la inteligencia artificial permiten que un municipio pequeño acceda a herramientas que antes solo podía permitirse una gran ciudad. El verdadero riesgo no será tecnológico, sino organizativo: disponer de herramientas avanzadas sin personal formado, datos ordenados ni procedimientos comunes.
La IA puede democratizar la capacidad técnica municipal, pero no sustituye una Administración bien organizada.
¿Por qué la información urbanística debería considerarse una infraestructura pública?
RGM: Porque condiciona decisiones sobre suelo, vivienda, inversiones y actividad económica. Sin embargo, todavía se encuentra dispersa entre planos, expedientes, informes y archivos difíciles de consultar. Los ayuntamientos deben producir información estructurada, georreferenciada, actualizada y comprensible, tanto para sus técnicos como para los ciudadanos.
<La información urbanística no debe estar encerrada en los expedientes:
debe estar al servicio de la ciudad>
¿Hasta dónde crees que debería llegar una IA al informar una licencia urbanística?
RGM: Puede identificar la normativa aplicable, contrastar parámetros, detectar incoherencias y preparar un primer borrador de informe. Pero no debe adoptar la decisión final ni sustituir la interpretación técnica cuando existan dudas, antecedentes, valores urbanos o intereses públicos que ponderar.
La máquina puede comprobar y proponer; el arquitecto municipal debe interpretar, responsabilizarse y decidir técnicamente. Automatizar el análisis no significa automatizar el criterio.
¿Puede la tecnología simplificar el urbanismo o solo acelerar su burocracia?
RGM: Digitalizar un procedimiento deficiente únicamente consigue que funcione mal más deprisa. Antes de incorporar tecnología hay que revisar normas, eliminar trámites redundantes, aclarar responsabilidades y ordenar los procesos. Después, la digitalización y la IA pueden aportar una mejora extraordinaria.
La transformación digital debe empezar simplificando el urbanismo, no convirtiendo la burocracia en un formulario electrónico.
¿Qué ocurriría si Agenda Urbana y planeamiento dejaran de trabajar por separado?
RGM: El planeamiento normativo definiría el modelo físico y jurídico de la ciudad, mientras que la Agenda Urbana establecería prioridades, proyectos, financiación, indicadores y plazos. Su coordinación permitiría pasar de documentos que describen el futuro a programas capaces de ejecutarlo y evaluarlo.
El planeamiento ordena la ciudad; la Agenda Urbana puede ayudar a convertir esa ordenación en acción.
¿Pueden los datos mejorar la relación entre decisión política y criterio técnico?
RGM: Por supuesto porque permiten comparar alternativas y explicar sus consecuencias sobre vivienda, movilidad, costes, equipamientos o consumo de suelo. Los datos no sustituyen a la política: hacen más transparentes sus decisiones. Tampoco sustituyen al técnico: le permiten fundamentar mejor sus propuestas.
La tecnología no debe decidir qué ciudad queremos, pero sí ayudarnos a conocer el efecto real de cada decisión.
Desde tu experiencia de más de treinta años en la Administración local, ¿qué hacemos hoy mejor y qué hacemos peor?
RGM: Hoy existe más transparencia, más participación, mejores herramientas y una mayor conciencia ambiental y social. Pero también tenemos procedimientos más complejos, responsabilidades más fragmentadas y una creciente dificultad para tomar decisiones con agilidad.
Antes había menos medios, pero a veces más capacidad para resolver. Ahora disponemos de más información, pero corremos el riesgo de quedar paralizados por ella.
<Hemos ganado garantías, pero no siempre hemos sabido convertirlas
en una Administración más eficaz>
¿Cuál será desde tu punto de vista la transformación urbana más importante de los próximos veinte años?
RGM: Creo que no será una tecnología concreta, sino la capacidad de gestionar la ciudad como un sistema vivo basado en datos. Planeamiento, vivienda, movilidad, energía, contratación y mantenimiento dejarán de funcionar como compartimentos aislados.
La inteligencia artificial permitirá anticipar escenarios y evaluar decisiones casi en tiempo real, pero la transformación decisiva será cultural: pasar de una Administración que reacciona ante los expedientes a otra que anticipa las necesidades de la ciudad.
La ciudad del futuro no se gestionará acumulando documentos, sino conectando información, decisiones y resultados.
¿Cómo agilizarías la tramitación de las licencias urbanísticas?
RGM: Empezaría antes de que el expediente entrara en el ayuntamiento: normativa clara, información urbanística accesible, consultas previas y proyectos presentados con documentación estructurada.
Después, implantaría listas de comprobación comunes como normativa de obligado cumplimiento que se podrían recoger en el CTE, informes sectoriales simultáneos, tramitación diferenciada según la complejidad y herramientas de inteligencia artificial para detectar errores y preparar un primer análisis.
Pero debería quedar claro desde el primer momento que agilizar no consiste en reducir controles, sino en eliminar incertidumbres, duplicidades y tiempos muertos, la licencia más rápida es la que entra completa, se comprueba una sola vez y se resuelve con criterios claros.
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