Entrevista a María Rivas López, Planificación Estratégica
Hoy tenemos el placer de presentaros a María Rivas López, socióloga con una amplia trayectoria en la gestión pública y la planificación institucional, y directora del Plan Estratégico A Coruña 2030-2050.
Eres licenciada en Sociología y has desarrollado buena parte de tu trayectoria en la gestión pública. ¿Cómo influye esa mirada sociológica en tu forma de entender y planificar la ciudad?
MRL: Efectivamente. Soy licenciada en Sociología, aunque más bien, me definiría como una apasionada de lo que la sociología puede aportar a casi cualquier análisis de lo que nos ha tocado vivir. Creo que la sociología aporta una forma de mirar los espacios que nos rodean que va más allá de las infraestructuras o del comportamiento de indicadores de diversa naturaleza. Nos ayuda a comprender cómo viven las personas, cómo se relacionan entre sí, qué desigualdades existen, cómo evolucionan los barrios o cuáles son las expectativas de la ciudadanía. En definitiva, la sociología pone el foco y nos recuerda que una ciudad es, ante todo, una comunidad humana.
Mi trayectoria personal, tanto en gestión pública como durante mi etapa como subdelegada del Gobierno en A Coruña, ha reforzado esa convicción. Las políticas públicas son más eficaces cuando partes del conocimiento de la realidad social y de la escucha activa de quienes la viven. Gobernar no consiste solo en resolver problemas inmediatos, sino también en anticipar los cambios demográficos, económicos, tecnológicos y ambientales que marcarán el futuro.
Desde esa mirada, planificar y gestionar la complejidad de la ciudad exige también comprender a cada actor dentro de su contexto social: conocer no solo qué posición expresa, sino desde qué intereses y expectativas la formula. La sociología permite interpretar el sentido que las personas que están detrás de las entidades, organizaciones e instituciones atribuyen a sus acciones y decisiones, algo imprescindible para entender las dinámicas de una ciudad y anticipar cómo pueden evolucionar.
Esta perspectiva es especialmente relevante para la gobernanza. Una estrategia de ciudad no puede construirse únicamente desde el conocimiento técnico, sino también desde la comprensión de los actores y de sus relaciones, identificando diferencias y posibilidades de colaboración. Planificar es, en este sentido, crear una visión compartida y generar los compromisos necesarios para convertirla en acción colaborativa.
Precisamente esta es la filosofía que queremos que inspire el Plan Estratégico de A Coruña: combinar el conocimiento de la realidad social y territorial con la participación de los actores, el rigor técnico con la visión a largo plazo y el análisis de los datos con la construcción de una visión compartida de ciudad. La mirada sociológica nos ayuda a situar a las personas y sus relaciones en el centro de las decisiones y a entender que el desarrollo de una ciudad como la nuestra no se mide únicamente por su crecimiento, sino también por su capacidad para generar, igualdad de oportunidades, bienestar, sentido de pertenencia y compromiso colectivo con su futuro.
Tras tu etapa como subdelegada del Gobierno, ¿cómo cambia la perspectiva al pasar a liderar un proyecto de ciudad como el Plan Estratégico A Coruña 2030-2050, donde la planificación a largo plazo y la participación adquieren un papel central?
MRL: Es un cambio de perspectiva importante que creo que afecta a casi todas las dimensiones de mi trabajo. Lo primero que cambia es el horizonte temporal. Como subdelegada del Gobierno, mi trabajo estaba muy marcado por la gestión del día a día: la ordinaria pero especialmente la extraordinaria que supone dar respuesta a necesidades y urgencias de las que no esperan. Ahora, en esta nueva función, pensamos en la ciudad a diez, quince, veinte años vista, más allá incluso de cualquier mandato político. Se trata de aprender a construir algo que tenga sentido y continuidad independientemente de quien gobierne.
También cambia la lógica desde la que trabajo. Si bien la subdelegación tenía una gran carga de representación del Gobierno en la provincia y, por tanto, de contactos, escucha y presencia en todo el territorio, un proyecto de ciudad funciona de otro modo. Exige tiempo de análisis, escucha y de tejer acuerdos entre actores con intereses legítimos y muchas veces distintos, pero que en su conjunto hacen ciudad. El mapa de interlocutores además se multiplica, ya que no solo tratamos de vincular a instituciones y organismos del Estado, sino que se trata de conversar con el tejido empresarial, la universidad, las entidades sociales, el mundo cultural y deportivo y, sobre todo, con la ciudadanía organizada y no organizada.
Y ahí es donde entra la participación, que para mí no es un trámite, sino un método de trabajo. Pero tan importante como promoverla es diseñarla y conducirla adecuadamente. Un proceso mal planteado puede generar retraimiento, frustración e incluso fractura social. Todos conocemos ejemplos de esto. En cambio, una participación bien orientada puede convertirse en un excelente instrumento de cohesión.
Para ello, debe ayudar a identificar los intereses legítimos de los distintos actores y sectores presentes en un ámbito concreto y a articular dichos intereses en políticas públicas o proyectos concretos. Si queremos que esos actores se comprometan con el desarrollo de estos proyectos, estos deben dar respuesta, al menos en parte, a sus intereses y generar un beneficio común reconocible. Esta manera de trabajar, cohesiona la ciudad.
Queremos escuchar antes de proponer, devolver a estos actores lo que se ha recogido y generar espacios de encuentro, diálogo y coproducción de proyectos. Se trata de impulsar un proceso capaz de alinear a actores muy diversos en una dirección compartida y de gestionar bien la incertidumbre y los tiempos largos que tiene todo proceso de esta naturaleza. Y en ese sentido, afrontamos este reto con la confianza de la alcaldesa, Inés Rey, que ha sido quien ha impulsado precisamente esta senda de colaboración y trabajo conjunto. Coruña Marítima es un claro ejemplo de ese camino: un proyecto que ha demostrado que la ciudad avanza cuando distintas administraciones y agentes son capaces de remar juntos en la misma dirección. El Plan Estratégico bebe de esa filosofía y para mí es un referente absoluto.
Dicho esto, estos cuatro años como subdelegada del Gobierno me han dado algo muy valioso para esta nueva etapa: un conocimiento profundo del territorio y de las relaciones entre instituciones a todos los niveles. Creo que eso es un buen activo para un proyecto como este.
<Cambia la perspectiva, sí, pero la experiencia acumulada no se pierde:
se pone al servicio de un proyecto colectivo de ciudad>
La integración puerto-ciudad está llamada a ser una de las mayores oportunidades urbanísticas de A Coruña en décadas. ¿Qué principios deberían guiar la transformación de los muelles interiores para equilibrar espacio público, vivienda, actividad económica y conexión con el resto de la ciudad?
MRL: Coruña Marítima es, probablemente, el proyecto de transformación urbana más importante de la historia reciente de A Coruña. Pero tan relevante como su dimensión física es la metodología con la que se ha impulsado. El proceso participativo desarrollado antes incluso de la definición de las bases del concurso constituye una iniciativa pionera y una referencia internacional en materia de integración puerto-ciudad. Y creo que no es una exageración, ya que la alcaldesa ha tenido la oportunidad de explicarlo en distintos foros tanto en España (como ha hecho recientemente en Bilbao) como fuera de España, en Nueva York o Amberes. Y creo que también lo acredita el interés que suscitó, concretado en un total de 14 UTEs que engloban a 78 empresas internacionales y locales procedentes de países como Francia, Inglaterra, Países Bajos, Japón, Dinamarca, Portugal, Italia o EEUU, que han optado a la elaboración del Máster Plan de Coruña Marítima.
Lo novedoso y altamente valorado de este proceso es precisamente que se trató de un ejercicio de transparencia, apertura y escucha activa que permitió incorporar aportaciones de la ciudadanía, entidades sociales, profesionales y agentes económicos desde el inicio del proyecto. Gracias a ese trabajo previo, fue posible alcanzar una serie de acuerdos estratégicos que hoy orientan todo el proceso y que quedaron recogidos en 14 ejes fundamentales para el desarrollo del Master Plan. Esto ha permitido que Coruña Marítima sea un documento no solo técnico, sino también cívico, construido colectivamente y alineado con las aspiraciones de la ciudad.
En la siguiente fase será importante que esta lógica de participación y colaboración se amplíe, no se agote con la definición del Master Plan, sino que se mantenga en su impulso, seguimiento y actualización. Coruña Marítima será verdaderamente un proyecto estructurante no solo por su escala, sino por su capacidad para convertirse en un punto nodal en el que se inserten iniciativas empresariales, de la administración, y del tercer sector que encaminen a la ciudad en una misma dirección.
A partir de esos consensos, la transformación de los muelles interiores debería guiarse por un principio fundamental: crear un espacio abierto y accesible para la ciudadanía, reforzando la relación entre A Coruña y el mar. Su impacto, económico y social dependerá, en buena medida, no obstante, por su capacidad de uso por la ciudad y por sus sectores para apropiarse de estos espacios, utilizarlos y desarrollar en ellos nuevas actividades y proyectos. Para ello, el espacio público debe ser el elemento protagonista, con nuevos parques, paseos, zonas verdes y equipamientos que favorezcan la convivencia, el ocio y el contacto directo con el agua, mejorando además la movilidad y conectividad con el resto de la ciudad. Al mismo tiempo, se quiere apostar por una mezcla equilibrada de usos. La incorporación de vivienda, incluyendo vivienda asequible, debe convivir con actividades económicas, comerciales, culturales, de innovación y generadoras de empleo que mantengan este nuevo ámbito activo durante todo el día. Esta diversidad debe permitir crear un nuevo barrio vivo, sostenible y conectado con las necesidades reales de la ciudad. Y, además, esta transformación debe respetar la identidad portuaria y marítima de A Coruña, integrando las actividades portuarias, conservando el patrimonio existente y garantizando la viabilidad del proyecto. El objetivo no es sustituir el puerto por la ciudad, sino lograr que ambos se complementen y se refuercen mutuamente.
Y con esto es con lo que están trabajando los cinco equipos finalistas, que en esta fase deben definir y presentar sus propuestas. Estas serán evaluadas y de ellas saldrá un proyecto finalista que presentará una primera maqueta del proyecto y que contará con un año para desarrollar el Master Plan de Coruña Marítima.
La escasez de vivienda asequible es uno de los principales retos de A Coruña. En una ciudad consolidada, con una elevada densidad y un suelo disponible muy limitado, ¿qué estrategias consideras prioritarias para ampliar la oferta residencial sin comprometer la calidad urbana ni el equilibrio entre los distintos barrios?
MRL: La vivienda es, sin duda, el principal desafío social y económico al que se enfrentan las administraciones públicas en todos los niveles de gobierno y unas de las mayores preocupaciones de la ciudadanía. A Coruña no es ajena a esa realidad y, precisamente por ello, resulta fundamental combinar medidas de impacto inmediato con una estrategia de transformación urbana a medio y largo plazo.
En ese sentido, ya se está trabajando en un ambicioso plan para promover más de 4.000 nuevas viviendas hasta 2030, de las que 1.100 serán protegidas. A ello hay que sumar decisiones importantes y pioneras como la declaración de Zona de Mercado Residencial Tensionado cuyos efectos se empiezan a notar, o la regulación de las viviendas de uso turístico para preservar el equilibrio residencial de los barrios.
Sin embargo, en una ciudad consolidada, con alta densidad y una disponibilidad de suelo muy limitada, el reto exige actuar en múltiples frentes. Por un lado, hay que seguir aumentando la oferta de vivienda asequible mediante la promoción pública y la colaboración con el resto de administraciones y con el sector privado. Esta colaboración debe traducirse en acuerdos interadministrativos y público-privados más estables, capaces de movilizar suelo, financiación y capacidad de gestión en torno a objetivos compartidos. Por otro, tenemos que seguir aprovechando la ciudad ya construida, impulsando la rehabilitación, la regeneración urbana y la movilización de viviendas vacías o infrautilizadas.
Además, el problema de la vivienda no puede abordarse únicamente desde los límites administrativos del municipio. La interdependencia funcional entre A Coruña y su entorno es evidente y nos exige reforzar la coordinación metropolitana e interadministrativa allí donde los problemas desbordan con mayor claridad el término municipal. No se trata de duplicar políticas, sino de dotarlas de una escala de gobernanza adecuada. Y es importante tejer alianzas entre administraciones, sobre todo cuando las competencias son muy claras y en este caso, las competencias son claramente de la administración autonómica, de la Xunta.
Al mismo tiempo, proyectos estratégicos como Coruña Marítima o el desarrollo de ámbitos como As Xubias o Visma, representan oportunidades para incorporar nuevos espacios residenciales sostenibles, integrados en la trama urbana y dotados de servicios, equipamientos y zonas verdes.
<La clave está en entender que no se trata unicamente de construir más>
Es necesario garantizar que las nuevas viviendas sean accesibles, estén bien distribuidas por el conjunto de la ciudad y contribuyan a reforzar la cohesión social y el equilibrio entre barrios. La política de vivienda tiene que ir acompañada de una visión integral de ciudad que combine desarrollo urbano, movilidad, espacio público, sosteniblidad y calidad de vida.
Aunque A Coruña no presenta los niveles de presión turística de otras ciudades, muchas urbes están viendo cómo el turismo acaba desplazando población y comercio tradicional. ¿Cómo puede el urbanismo anticiparse a ese riesgo y preservar la identidad y la vida cotidiana de barrios como la Ciudad Vieja o la Pescadería, sin renunciar al dinamismo económico y turístico?
No es sencillo. Los procesos de transformación de los barrios suelen ser graduales, y la clave está no tanto en la llegada de visitantes sino en cómo afrontamos la pérdida de población residente, de comercio cotidiano y de las redes de relación que dan identidad a los barrios. Y desde esta perspectiva, el urbanismo debería de actuar como una herramienta de prevención. En barrios como Ciudad Vieja o Pescadería, preservar la identidad significa garantizar que sigan siendo espacios habitables para una amplia diversidad de vecinos y vecinas; que la vivienda sea accesible, que haya comercio de proximidad, equipamientos y vida comunitaria. Lo que hace atractivas a estas zonas para el turismo es, en parte, su autenticidad. Si desaparece la vida cotidiana, probablemente acabe debilitándose su valor como destino.
En A Coruña se trabaja con esas claves con instrumentos como la Agenda Urbana, que sitúa la cohesión social, el equilibrio entre barrios y el derecho a la ciudad como elementos centrales de la planificación urbana. Se están movilizando fondos para la rehabilitación precisamente en Ciudad Vieja y Pescadería con el objetivo de mejorar el parque de vivienda existente y favorecer la permanencia de la población residente. En definitiva, la idea es clara: hay que seguir trabajando para rehabilitar sin expulsar; atraer actividad económica sin sustituir al comercio local y gestionar el turismo como complemento de la vida urbana, pero manteniendo siempre la identidad.
En una ciudad costera como A Coruña, donde el cambio climático afectará al litoral, la movilidad o el confort urbano, ¿cuáles crees que serán las transformaciones más importantes que deberá afrontar la ciudad de aquí a 2050?
MRL: Si algo nos enseña el horizonte 2050 es que las transformaciones se producen por la interacción de diferentes factores ambientales, sociales, económicos y tecnológicos. Por eso el reto es construir un diagnóstico riguroso que nos permita identificar cuáles serán los principales cambios que deberá afrontar A Coruña y cómo prepararnos para ellos. El cambio climático, la protección del litoral, la movilidad sostenible, la transición energética, el envejecimiento demográfico o la competitividad están sobre la mesa. Pero precisamente el objetivo de los trabajos que estamos desarrollando consiste en analizar en profundidad estos desafíos, identificar oportunidades y establecer una hoja de ruta compartida para la ciudad. Tratamos de anticiparnos, por lo que apostamos por una visión estratégica que permita comprender los retos que vienen y tomar hoy las decisiones que marcarán la ciudad de las próximas décadas.
La participación ciudadana constituye uno de los pilares del Plan Estratégico A Coruña 2030-2050. ¿Cómo puede integrarse el conocimiento técnico con las aportaciones de la ciudadanía, las entidades sociales y el tejido económico para construir un proyecto compartido de ciudad?
MRL: Sin duda, cuando hablamos del Plan Estratégico de A Coruña hablamos de una construcción compartida de ciudad.
El Plan nace con la vocación de convertirse en un verdadero instrumento de gobernanza, capaz de gestionar las interdependencias entre los principales actores urbanos (instituciones, empresas, organizaciones y entidades) que pueden impulsar, condicionar o incluso dificultar el desarrollo de políticas públicas y proyectos. Se trata de favorecer un mayor conocimiento mutuo, fortalecer las relaciones de confianza y crear las condiciones necesarias para que estos actores cooperen de forma estable y sostenida en el impulso de proyectos compartidos.
Precisamente, en este momento estamos centrados en una serie de trabajos previos que nos permitirán definir un buen punto de partida desde donde avanzar, en esta dirección, en la elaboración del Plan Estratégico. Pero incluso en este momento tan inicial, estamos trabajando conjuntamente con otros actores urbanos para analizar los principales retos de la ciudad y cómo caminamos hacia ellos. No solo desde la acción institucional, sino también desde los diferentes actores que operan en la ciudad.
Los equipos técnicos aportan conocimiento, metodología y visión a largo plazo, pero la ciudadanía y los agentes económicos y sociales aportan experiencia, compromiso y un conocimiento directo de los retos y oportunidades en los que, en muchas ocasiones, ya están trabajando. El objetivo es claro: avanzar hacia modelos de coproducción de proyectos, donde los diferentes actores no sean unicamente consultados, sino que formen parte activa de la reflexión, y la búsqueda de soluciones a problemas, así como la ejecución de las mismas. Si todos hacemos ciudad, cuanto mayor sea la implicación en este proceso, mayor será la capacidad del Plan Estratégico para convertirse en una hoja de ruta sólida, legítima y transformadora para A Coruña de 2050.
Los planes estratégicos suelen trascender varios mandatos políticos, pero muchas veces terminan quedándose en buenas intenciones. ¿Qué mecanismos de seguimiento, evaluación y rendición de cuentas consideras imprescindibles para garantizar que este Plan siga ejecutándose dentro de diez o quince años, con independencia del gobierno municipal que haya?
MRL: Por eso estamos apostando desde el principio por una construcción participada del Plan Estratégico, porque hemos observado, estudiado y preguntado a ciudades que llevan décadas trabajando con una visión estratégica a largo plazo. Barcelona, Málaga, Zaragoza o Bilbao nos muestran que estos procesos funcionan cuando se convierten en proyectos compartidos por el conjunto de la ciudad. La mejor garantía de continuidad no es unicamente disponer de un sistema de indicadores y seguimiento, que también es necesario, sino generar confianza entre los actores urbanos implicados y alcanzar un consenso amplio sobre la dirección en la que queremos avanzar. Cuando un plan nace de una construcción colectiva y aporta valor real a la ciudad, es mucho más fácil que se mantenga más allá de los distintos mandatos políticos.
<Pero, para mí, el aspecto más crucial de una estrategia de ciudad
es su capacidad para generar capital social>
Un plan estratégico funciona de verdad cuando existe un antes y un después en la manera en que se organiza el sistema de actores de la ciudad. Por eso, evaluar la estrategia no puede limitarse a comprobar si se han cumplido determinados indicadores. También debemos preguntarnos si la ciudad se organiza de otra manera, si sus actores colaboran de formas que antes no eran posibles y si se ha producido un cambio en su capacidad para impulsar proyectos conjuntamente. Este es el verdadero valor de las estrategias.
Para concluir, si una persona visitara A Coruña en el año 2050 y paseara por la ciudad sin conocer el Plan Estratégico, ¿qué tres rasgos o valores te gustaría que percibiera como resultado de esta transformación?
MRL: Me gustaría que percibiera una ciudad profundamente humana, pensada a escala de las personas, que ha sabido reconciliarse con su entorno natural y marítimo y donde la sostenibilidad esté plenamente integrada en la vida cotidiana. Una ciudad cohesionada e inclusiva, en la que las oportunidades y los servicios estén presentes en todos los barrios y lleguen a todas las personas. Y por supuesto, una ciudad de vanguardia, que ofrezca una extraordinaria calidad de vida, donde el bienestar, la cultura y el espacio público sean distintivos de su identidad.
Pero me gustaría sobre todo que se percibiera una ciudad que sabe organizarse y trabajar colaborativamente: con instituciones, empresas, entidades y ciudadanía capaces de cooperar de manera estable para dar respuestas a los retos de cada momento.
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