Entrevista a José Tomás Gómez López, Ensayo Urbano

José Tomás Gómez López

Hoy tenemos el placer de presentaros a José Tomás Gómez López, ingeniero de Caminos, Canales y Puertos por la Universidad Politécnica de Madrid y MBA por el IE. Ha desarrollado su carrera profesional en diversas consultoras de ingeniería y constructoras, participando en proyectos internacionales en diversos países de Europa, Oriente Medio y América del Sur. Ha sido profesor y coordinador del Módulo de Gestión de Proyectos del Máster Internacional de Empresa y Políticas Públicas organizado por el Colegio de Ingenieros de Caminos, la Universidad Menéndez Pelayo y la École des Ponts ParisTech y es autor del libro «Urbi et Orbi. Escritos sobre la ciudad»

En “Urbi et Orbi” juntas tu experiencia como ingeniero de Caminos con una visión muy personal sobre cómo vivimos las ciudades. ¿Cómo se cruzan en tu día a día el lado más técnico del urbanismo con esta faceta de escritor y observador?

JTG: El libro comienza con una cita de Guillermo Cabrera Infante: “El hombre no inventó la ciudad, más bien la ciudad creó al hombre y sus costumbres”. La influencia de la configuración y el diseño de la ciudad sobre la calidad de vida de las personas es muy relevante, tangible y sobre todo duradera, por eso no podemos tener un urbanismo de diseño sin tener en cuenta a los ciudadanos. La ciudad no es solo un conjunto de viviendas e infraestructuras, sino también un conjunto de relaciones y oportunidades. La planificación urbana debe favorecer las interacciones y por eso es tan necesario conocer los usos e intereses de sus habitantes. Hablamos ahora mucho de la vivienda, pero, al final, al adquirir una vivienda lo que se compra no es solo un habitáculo, sino el derecho a usar una ciudad, por eso, los precios de la vivienda no reflejan únicamente el producto físico sino las posibilidades de oportunidades laborales, sanitarias, educativas, deportivas o culturales, y las posibilidades de construir un mapa de relaciones. La ciudad es el medio de lo humano, por eso es tan importante un buen diseño. El libro, en definitiva, trata de conectar el urbanismo con el humanismo, dos disciplinas que no deberían estar tan distanciadas.

El acrónimo ESG se ha instalado con fuerza en las estrategias corporativas y urbanísticas. Desde tu perspectiva como experto, ¿cómo valoras su implantación real en los desarrollos urbanos actuales y qué retos plantea llevarlos del papel a la práctica?

JTG: La E (Environment) de Medio Ambiente ha tenido un gran protagonismo en los últimos años y podemos estar satisfechos de los avances conseguidos, ya sin vuelta atrás. Además hay consenso de todos los actores del proceso urbano en su utilidad y necesidad. La G (Gobernanza) distinguirá siempre las corporaciones con una vocación de permanencia de aquellas con estrategias cortoplacistas, pero creo que la estrella de los próximos años será la S (Social). Cualquier desarrollo urbano debe servir a las necesidades sociales y tener en cuenta las inquietudes e intereses de los ciudadanos, no solo de los compradores, sino de todos; ciudadanos individuales y organizaciones sociales, que cada vez van a tener más protagonismo. El proceso urbanizador no ha de tener solo en cuenta la normativa, los procesos administrativos y la viabilidad económica y comercial, sino la perspectiva social.

Como experto en gestión de calidad y procesos, conoces bien los entresijos de la administración. ¿Cómo valoras los procedimientos actuales en la tramitación de los planeamientos urbanísticos en España y dónde crees que hay mayor margen de mejora?

JTG: Aunque se hable de administración, desde el punto de la planificación urbana, los poderes públicos están configurados en una constelación de organismos con influencia en las decisiones urbanas a distintos niveles; cada nivel (local, autonómico, estatal) tiene a su vez distintos órganos; concejalías de urbanismo, medio ambiente o patrimonio, consejerías, confederaciones hidrográficas, direcciones generales de carreteras, industria o energía… Existe normativa muy detallada que otorga competencias a cada uno de estos organismos en materia urbanística, con procedimientos muy garantistas de protección. No obstante, el reto es la coordinación entre organismos, la flexibilización y la proporcionalidad de las decisiones, y la clarificación, transparencia y simplificación de los procesos. Un desarrollo urbano no solo tiene un interés privado, sino público, de manera que se debería gestionar con un proyecto integrado. Si realmente es de interés para la ciudad, cada actuación urbanística debería tener un único tutor o patrocinador dentro de la administración, que colaborara internamente a que el proyecto progresara a través de los diferentes organismos competentes, respetando, como no, la normativa.

<Si una ciudad necesita vivienda, deberían primar los procesos que la incentiven,
no los que la frenen>

Hablamos constantemente de Smart Cities, gemelos digitales y digitalización del territorio. Desde tu experiencia, ¿cuál debe ser el verdadero papel de estas herramientas en la gestión urbana para que aporten valor real al ciudadano?

JTG: En el libro hay un capítulo llamado “Ciudades inteligentes y ciudades sabias”. La inteligencia está relacionada con la capacidad de resolver problemas. Una ciudad más inteligente es aquella que resuelve los suyos de una manera más eficiente, económica y sostenible. Sin embargo, la sabiduría está relacionada con el establecimiento de los fines. Es sabio aquel que sabe escoger bien los fines e inteligente el que sabe bien cómo conseguirlos. Por esta razón, las ciudades realmente interesantes

no son las ciudades inteligentes, sino las ciudades sabias, las que definen mejor, más apropiadamente, con arreglo a su cultura y sus recursos, sus fines. Las herramientas digitales pueden ser muy útiles si los fines están bien definidos. El reto es la interconexión de las numerosas bases de datos, las utilidades vienen por las relaciones ellas, no por los datos aislados, siempre manteniendo la soberanía tecnológica y los sistemas de respaldo, pero una ciudad no es un sistema, es un organismo.

Si tuvieras que priorizar la aplicación de tecnologías como la inteligencia artificial predictiva o el Big Data en la gestión municipal, ¿hacia qué áreas orientarías los recursos para obtener un impacto más transformador?

JTG: La inteligencia artificial podría tener un papel muy relevante en los procesos reglados con información digitalizada. Por ejemplo, el otorgamiento de una licencia de edificación es un proceso reglado, no discrecional. De esa manera, la adecuación de un proyecto a la normativa se podría analizar usando esta herramienta, proporcionando además más seguridad de imparcialidad y objetividad para el técnico municipal y para el promotor y reduciendo los plazos. La inteligencia artificial también podría ayudar a analizar la replicabilidad de soluciones urbanísticas que han funcionado bien en un lugar a otros. Por último, el reto del Big Data es la interconectividad de los procesos de los servicios urbanos. Si conocemos que una determinada zona de la ciudad únicamente tiene consumos importantes de agua los fines de semana –por ser un área de segundas residencias, por ejemplo–, tal vez se podría adecuar la frecuencia de la recogida de residuos a este dato, o si, en una vivienda de una persona mayor que vive sola se detecta que deja de consumir agua en un periodo programado, podría saltar una alarma a los servicios sociales.

Las olas de calor y las inundaciones repentinas exigen un cambio radical en el diseño del espacio público. Si miramos el planeamiento actual, ¿estamos diseñando ciudades verdaderamente preparadas para el colapso climático o seguimos aplicando parches del siglo pasado?

JTG: Si observamos con detenimiento, muchas de las poblaciones en España se originaron en un promontorio, dejando la vega –cerca de los cauces y por lo tanto más fértil–, para los cultivos. Esta ordenación racional del territorio fue evolucionando hacia una expansión hacia las zonas de topografía más suave y por lo tanto más expuesta. Las variables geográficas y climáticas han de tener un peso relevante en la ordenación del territorio, cuidando la ubicación de los ejes estructurantes -carreteras y viales- pero recuperando el protagonismo de las obras hidráulicas. No somos conscientes hasta que punto el sistema de embalses del Canal de Isabel II previno recientemente grandes avenidas en Madrid, además de almacenar agua. En cuanto al clima, la arquitectura tradicional propugnaba soluciones muy lógicas –en el Sur; calles estrechas para producir sombra, patios interiores para airear, fuentes, persianas… diferentes estancias para invierno-verano… además de la transhumancia, residiendo en un lugar en verano y otro en invierno–. La ciudad futura tenderá a ser naturalizada (parterres, aireamiento, vegetación,..) y compacta.

En un escenario marcado por la digitalización y los desequilibrios demográficos, ¿cómo debe cambiar la planificación y el diseño de nuestras infraestructuras de transporte para responder mejor a las necesidades reales del territorio hoy?

JTG: Después de muchos años de inversiones en líneas de alta velocidad, autovías y aeropuertos –para los cuales la digitalización debería ayudar a monitorizar y priorizar las actuaciones de mantenimiento–, el foco se debería poner en el transporte urbano y en las redes de transporte de mercancías puerto-ferrocarril. Las tendencias a la densificación y a la creación de grandes áreas metropolitanas, requieren de un transporte urbano eficaz, que ayudaría al problema de la vivienda, conectando con mayor rapidez y eficiencia distintas áreas. Tokio no se entendería sin esta red arterial de transporte urbano y creo que el foco debe estar ahí. Madrid, por ejemplo, podría estar conectado con muchas más ciudades cercanas, para repartir prosperidad y aliviar presión.

<Las políticas de transporte urbano también son políticas de vivienda,
de educación y sanidad>

Combinas la precisión técnica de la ingeniería con una mirada muy humanista. ¿Qué le dirías a un estudiante de ingeniería o arquitectura que hoy empieza su carrera para que no pierda de vista el alma de las ciudades entre tanto cálculo y normativa?

JTG: Desde Cerdá, el genio que diseñó el ensanche de Barcelona, sabemos que el urbanismo no es solo una cuestión de ingeniería y arquitectura, sino que resuelve un problema social, con bases no solo técnicas, sino legales, económicas, política y administrativas. Yo recomendaría un acercamiento a las artes, especialmente al cine, al cine del siglo XX, el cine clásico, que nos muestra como la ciudad conforma nuestros hábitos y forma de vida y nos ayuda a comprender mejor el alma humana. Basta ver los cuatro primeros minutos de la película Manhattan (1979) de Woody Allen, acompañados por la música de Gershwin, para comprender lo que quiero decir.

Urbanismo

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